
Hola, me llamó Juan y estoy casado con Julia. Voy a hablar de lo que en inglés se conoce como chastity device, pero yo he puesto en el título "cinturón de castidad" aunque este aparato no tiene nada de cinturón.
Aquellos que estén familiarizados con este tipo de aparatos sabe que los usan parejas en que la mujer se acuesta con otro hombre, normalmente en presencia de su marido. Es lo que se llama en inglés "cuckolding" y su correlato, "hotwifing". Hotwife significa "mujer/esposa caliente", y cuckold, "cornudo".
Pero bueno, vamos a mi historia, que de momento está muy alejada de estos parámetros:
Desde que nos casamos, Julia y yo hemos tenido serias divergencias en matria sexual. Para explicarlo brevemente, yo andaba todo el día pensando en follar con ella pero a ella le bastaba con un par de veces a la semana, y en ocasiones, sólo una vez semanal era suficiente. Este era el único problema sexual que teníamos (en realidad yo lo sigo teniendo). Podíamos haber buscado una solución médica, haber ido a un sexólogo, pero no lo hicimos.
Para cumplimentar mis deseos sexuales, yo me masturbaba al menos tres veces por semana. Yo se lo comenté a ella, y estuvo de acuerdo conmigo en que podría ser una solución a nuestro problemas. Parece bastante fácil pero no lo es, pues tiene sus inconvenientes.
El problema más gordo es que Julia y yo aún follábamos menos que antes. Imaginaos la siguiente situación: Julia está haciendo la cena y yo me doy una ducha. El agua caliente resbala por mi cuerpo hacia abajo y me relaja. Me encuentro bien, y enseguida me imagino que estamos los dos en la ducha. Y entonces me masturbo. Cenamos los dos y después, en la cama, ella requiere mis servicios sexuales, pero como me he pajeado un par de horas antes, ya no tengo ganas.
Entonces descubrí estos aparatos de castidad. La verdad es que le conté mi historia a un amigo, y él me recomendó probar con estos aparatos. La idea era muy sencilla: Julia debía tener la llave y ponerla fuera de mi alcance. En casa tenemos una pequeña caja de seguridad empotrada en una pared y que no usábamos, así que mi esposa le cambió la combinación. Julia sólo debería quitarme el aparato cuando deseara follar conmigo. Yo no podría masturbarme; obviamente tampoco follar con otra. Mientras tuviese el aparato puesto, solo podría usar mi polla para mear; y además esto con una restricción, pues debía hacerlo sentado en el inodoro, para evitar que salpique.
Un dia le comenté la idea a Julia. He de decir que no se mostró muy conforme con la idea, pues ella prefería consultar con un especialista. Pero al final se dejó convencer, o al menos pareció medio convencida.
Pedí el aparato por internet. Llegó el viernes por la tarde, lo que nos vino muy bien para experimentar todo el fin de semana con él. Mi mujer me depiló toda la piel alrededor de mi polla y testículos y después tratamos de ponermelo. Al principio no es fácil, pues hay que hacer una serie de contorsiones con la polla para meterla dentro, pero mi mujer lo hizo. Es más fácil que lo haga ella que yo mismo. Sacarlo es mucho más fácil.
Después quise ir al supernercado más cecano. Tenemos uno cerca de casa, y Julia preparó una lista de la compra. Nos fuimos al super que estaba a punto de cerrar. Compramos las cosas de la lista y volvimos a casa. Yo pensaba que todo el mundo miraría mi entrepierna pero nadie se percató de nada. Mi mujer me dijo que no se notaba ningún bulto.
Aquella noche Julia no tenía ganas, así que dormí toda la noche con el aparato puesto. He de decir que me costó dormir más de lo normal, pero después no me molestó nada en toda la noche. Al día siguiente, sábado, lo llevé todo el día puesto, y por la noche, Julia me lo quitó y follamos como hacía mucho tiempo que no lo hacíamos. Fue un redescubierto placer. Y a esa noche siguieron otras igual de maravillosas. Lo malo es que eran muy espaciadas.
A partir de entonces la operativa que seguimos hasta hoy mismo es la siguiente: leimos que no es bueno llevarlo muchos días seguidos, ya que puede causar impotencia. Entonces lo llevo de lunes a viernes solo por la tarde/noche cuando estoy en casa. Cuando llego a casa, Julia me lo pone, y al día siguiente, inmediatamente justo antes de salir de casa para ir a trabajar, me lo quita.
Si por la noche follamos, esa noche duermo si él puesto, pues durante unas horas no me voy a masturbar. Los fines de semana y festivos lo llevo más seguido.
Por supuesto, cuando me entran ganas de follar y Julia no quiere, no me puedo masturbar, lo cual me provoca ansiedad y frustración, pero es mejor esto que lo que pasaba antes. Pero al cabo de unos seis o siete meses, mi cuerpo se ha ido acostumbrando y ya no me reclama tan a menudo su ración de eyaculación. Julia pensaba que ya no debía usarlo más, pero yo le advertí que después de unos meses, la situación volvería a ser como antes.
Lo que es increible es que mi relación con Julia ha mejorado en otros aspectos que nada tienen que ver con el sexo. Al tener mi esposa el control total de mi sexualidad, esto me ha hecho que me acerque más a ella en vez de alejarme. Hago más tareas de casa, pues aunque antes también las hacía, ahora hago una dos terceras partes. Y fue iniciativa mía, no de ella, que nunca me reclamó nada. Ella dice en plan de broma (¿o quizás lo dice en serio?), que lo que pone caliente a una mujer es ver a su marido lavando los platos o limpiando los suelos. Julia se dedica principalmente a comprar todo lo que necesitamos y a cocinar, actividad que le encanta, pero practicamente todo lo demás lo hago yo.
También me he vuelto más romántico y atento con ella. Cuando me viene el capricho le regalo algo, aunque no sea my caro. Mi mujer es entrenadora de perros, así que en ocasiones aplica sus conocimientos, auqnue sea de mentiras, a su vida diaria. O quizás los aplica de verdad.
Dice que a los canes, cuando buscas que hagan algo en concreto, como sentarse o tumbarse, hay que entrenarlos con pequeñas recompensas, como un trozo de salchicha o así, pero que en mi caso, aplica el sentido contrario. Cuando le regalo algo, no me deja follar con ella durante dos días, pues dice que, en caso contrario, buscaré regalarle algo con el exclusivo fin de follar con ella.
El hecho de que mi mujer controle mi vida sexual supone, de algún modo, un tipo de sumisión mía hacia ella. Yo he pensado avanzar un poco más en este sentido. También es verdad que el mero hecho de que yo haga la mayor parte de las tareas domésticas, especialmente las más desagradables, y ella solo haga lo que le gusta, comprar y cocinar, es, de algún modo, un avance en la sumisión. Pero de momento ella no quiere ir más allá. No se niega rotundamente a que, quizás, algún dia, avacemos por esa línea, pero de momento, no.
Particularmente me gustaría verla follar con otro. Se lo dije hace algunos meses, y ella me dijo que quizás algún día, pero de momento se niega. Y esto significa que sigo sometida a ella, pues el solo hecho de negarse a darme el gusto es una imposición de ella, y reafirma, por tanto, mi sumisión.
Espero que algún día llegue el momento soñado. Y este es, de momento, el fin de la historia.